PARTIDAS DE DEFUNCIÓN

CRÓNICA DE GARDEAZABAL

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Por: Gustavo Álvarez Gardeazabal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 

Está tan nublado el panorama político colombiano que aventurarse a hacer pronósticos termina siendo una labor más difícil que la de conseguir plata para financiar las campañas presidenciales. Sin embargo, pese a la nubosidad, ya se sabe que en  las elecciones de marzo varios partidos tradicionales estarán jugando por su supervivencia y que si no es por la obligatoriedad del anticuado sistema electoral colombiano muchos de ellos deberían cerrar desde ya sus puertas o cambiar de nominación.

 

De nada le han servido a esas viejas agrupaciones haberse convertido en cooperativas de contratistas, cuando no en oficinas rentables de intermediación para quienes administran votos, puestos y licitaciones. Ser congresista o diputado o concejal es un negocio lucrativo, así se pierdan las elecciones. La ideología ya no amarra a nadie y el acto masturbatorio que los medios y los politiqueros de toda la vida se han inventado para dividir el mapa electoral en izquierda, derecha o centro ha resultado poco o nada atractivo a los futuros votantes y repudiable a los viejos electores.

 

El país siempre estuvo pendiente de polarizarse. Primero entre liberales y conservadores y luego entre las líneas más extremas y las tolerantes dentro de esos mismos partidos tradicionales. Antes de mis “ Cóndores” saltar de un partido al otro era peor que un delito juzgable. Ahora se va o se viene de acuerdo a la matemática burocrática o a las pretensiones del contratista que financie las listas. Como tal, entonces, los partidos han desaparecido y el remedo que hay solo los hace negocio, nunca voceros de las inquietudes ciudadanas. Los candidatos  resultan ser todos de la misma clase o de la misma fila india que sigue riguroso turno.

 

Desde las elecciones de la Constituyente de 1991 los nombres extrapartidos, los provocadores de votos, los atrayentes como deportistas u hombres públicos no volvieron a verse en las listas. Y, salvo a la aparición de algún líder con más atrevimiento que visión, lo más probable es que ningún remedo de partido pretenda poner a encabezar las suyas a una figura extrapolítica, reconocida nacionalmente. Quien lo haga, no me queda la menor duda, jugará como ganador en unas elecciones en donde, además, para presidente pueden inscribirse tantos como en el Perú y correremos el riesgo de que nos resulte un sombrerón, como en ese país y ahí si les extenderemos la partida de defunción a todos los partidos.

El porce, septiembre 22 del 2021

 

 

 

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