NO LAS HAN ACABADO DE INVENTAR

La verdad es de puño. Si no nos vacunamos todos, la peste seguirá regándose en cuantas variantes delta u omega o como sea que les nombren sean capaz de mutar.

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 

Las noticias que pueden salir de entre la maraña de censuras existentes en China. Las  que permiten los gobiernos europeos y las farmacéuticas que se propalen. Todas, tienen el mismo signo alarmista que mostró el presidente Biden la semana anterior cuando les rogó a los estadounidenses que se vacunaran.

Estamos en medio del desarrollo de una peste que se repite sobre sí misma, se  autoclona y evade los  débiles cercos que los fabricantes de medicamentos han pretendido imponerle apostando sólo por las vacunas y olvidándose tal vez de un remedio certero como lo fue la penicilina hace 88 años contra las infecciones.

El que ya se esté aceptando por los gobiernos, por las grandes fabricantes de medicamentos y, en especial, por la gran mayoría de quienes fuimos vacunados que va a ser necesario reforzar la inmunidad con una tercera dosis, es la demostración de que las vacunas no las han acabado de inventar. No queda duda, el Covid sabe cómo disfrazarse, disfrazarse como las cucarachas para no ser exterminado. Es la repetición de la historia de Penélope que tejía durante el día y desbarataba lo tejido en la noche para evitar tener que casarse con alguno de los pretendientes al trono de Itaca, pues nunca terminaba el sudario de su suegro Laertes.

El problema, empero, se ha ido complicando más porque si en Estados Unidos, donde sobran las vacunas hasta para regalar, y hay 100 millones de personas que no quisieron vacunarse, en el resto del mundo, comenzando por Colombia, hay otros miles de millones que no la han recibido o no  quieren inocularse.

Pero no nos metamos mentiras. Mucho menos pongámonos a discutir si es o no una violación de los derechos humanos elementales obligar a los ciudadanos a poseer carné de vacunación para poder entrar a un bar, un museo o montarse en un avión.

La verdad es de puño. Si no nos vacunamos todos, la peste seguirá regándose en cuantas variantes delta u omega o como sea que les nombren sean capaz de mutar. Pero como no todos los países tienen con qué comprar vacunas para todos sus habitantes y como son muchos los que no tienen capacidad organizativa para inmunizar a toda su población, vamos a vivir un período cada vez más largo de mentiras gubernamentales, de explotaciones inmisericordes de las farmacéuticas y de ilusiones truncas en un mundo que ya tiene otros dueños y está cambiando la realidad física por la virtual, los billetes por el bitcoin, los ritos funerarios por el algoritmo y la vida por la muerte para dejarle calladamente campo al futuro.

 

Muchas gracias

El Porce, agosto 3 de 2021

 

Escuche la Crónica de Gardeazábal, a continuación…

 

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