LA UNICA REFORMA VALIDA ES QUE SUELTEN EL PRESUPUESTO

GEOMETRIAS 

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Por:

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Ni siquiera la conminatoria renuncia del presidente Lleras cuando se le embolataba la reforma constitucional de 1968 aplacó la avidez de los parlamentarios que compelían por meter la mano en el presupuesto nacional.

Sólo cuando el autoritario presidente les estiró el período y les inmoló el erario a su extravagante gula, es decir los embutió de “auxilios”, los parlamentarios aprobaron el Acto Legislativo de ese año, con las consecuencias más funestas y desestabilizadoras para la honestidad, la sociedad y la democracia misma.

No se sabe de cuántas triquiñuelas y atajos se sirvieron los padres de la patria para robarse el tesoro público a fuer de intermediarios de la inversión presupuestal.

Ante la avalancha de tachas y vituperios a los que se hicieron merecedores en gracia de sus abusos legendarios, la Constituyente de 1991 los abolió, con tan mala predestinación que los metamorfoseó en el eufemístico dictado de “cupos indicativos”, con más aciaga y criminal fatalidad.

Riguroso les era a los congresales recientemente posesionados intentar protocolariamente la reforma de sus estatutos, de sus reglamentos y de sus limitaciones.

Una de las iniciativas busca limitar la reelección indefinida de los Congresistas, estableciendo un límite de tres (3) períodos. Pero en cada cámara. ¡O sea los mismos 24 años! Otro busca disminuir el período de receso del Congreso de la República con el fin de ampliar el semestre de sesiones que compone cada legislatura. (Que se inicie el 20 de julio y termine el 20 de diciembre, lo que llevaría a que el segundo período comience el 20 enero y concluya el 20 de junio). Otro quiere que el salario de los congresistas no exceda los 25 salarios. (Hoy, en 34) También buscan modificar el artículo 183 de la Constitución, el cual habla del régimen de inhabilidades.

El rosario de iniciativas es totalmente inocuo. Que sesionen dos o tres días adicionales, anodino. Que ganen un salario más o menos, frívolo. Las rendiciones de cuentas, insulsas.

 

 

Reducir el receso legislativo para que los congresistas asistan a sus curules es totalmente veleidoso pues que la misión del parlamentario no es administrar ni gobernar que sí son permanentes, sino es la de controlar al que administra o gobierna. Pero ya se sabe, por ejemplo, en el “uribe-ducato”, en qué quedaban los debates y mociones de censura.

En otros países, los parlamentarios viven de sus profesiones. Si se quieren ponderar los salarios de los congresistas y que devenguen en tanto asistan a sus curules, es imperativo revisar el absurdo régimen de inhabilidades. Que se les permita ejercer sus profesiones y oficios como era antes del 91 y se les pague por sesiones.

Lo verdaderamente revolucionario y sorprendente sería que se inhabilitaran para intermediar con el presupuesto de la Nación. Es decir que no puedan meter la mano en el tesoro público.  Ayer se robaban los llamados auxilios parlamentarios. Ahora se llaman cupos indicativos. Intermediación perversa que empoderó a los congresistas transformándolos en negociadores del presupuesto.

Y ese sistema es insostenible. Por más que los gobiernos honestos buscan resolver los problemas que viven las comunidades dígase municipales, regionales o nacional, la intermediación de los parlamentarios (llámense concejales, diputados o congresistas) se apropia de esos esfuerzos y de una parte suculenta de esos recursos, impidiendo que las obras se hagan de acuerdo con los diseños y las necesidades y, por tanto, que los problemas se resuelvan y que el descontento y el malestar desaparezcan.

Esa es la nefasta “gobernabilidad” que tanto buscan los alcaldes, gobernadores o presidentes y que no es otra cosa que la repartija de la plata de las comunidades entre alcaldes, gobernadores, ministros, Uribes-Duques y los inescrupulosos caciques.

De qué sirve que se rebajen en cinco o en diez millones sus estipendios, si lo verdaderamente carnoso y criminal es la coima que cobran por intermediar en los billones de inversión en obras, carreteras, instituciones educativas, hospitales, centros poblados de internet.  ¿Por qué la Merlano y el “senador” Castaño –entre otros- andan respondiendo ante los jueces por 500 y 600 mil millones de pesos, si apenas ganan 30 millones de emolumentos?

Es que el sueldo de parlamentarios apenas es para el tinto.

 

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