LA PURGA PETRISTA

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Purga, es aquí y en cualquier parte una expulsión o eliminación de funcionarios,  empleados, y miembros de una organización que se decreta por motivos políticos. Purga, fue entonces lo que el pasado viernes realizó el presidente Petro con su ministro de Defensa para sacar 25 generales de la Policía Nacional, 16 de Ejército, 6 de la Fuerza Aérea Colombiana y 6 más de la Armada.

Las motivaciones que el presidente y su ministro pudieron tener para tomar esa determinación pueden ser muchas e ir desde el informe acucioso que el general Salamanca les rindió sobre todos esos defenestrados o los datos que los amigos demócratas del presidente Petro le hayan facilitado desde Washington para evitar tener que meterlos en la lista de “significativamente corruptos” que los gringos se han inventado por estos días en el ejercicio despiadado de su justicia universal.

Cualquiera que hubiese sido la manera como seleccionaron a los 53 generales llamados al patíbulo de la jubilación, fue una purga atrevida, como nunca se había hecho en el país y que siembra obviamente muchas hipótesis. Lo cierto es que el temor que albergaban muchos sobre el oficio de vengador que el ministro de Defensa vendría a ejercer, ha quedado disipado de un plumazo pues ya no le tocará al doctor Velázquez hacer investigaciones y acusaciones sino que de forma expedita salió de ellos.

También es de destacar, y de no olvidar, que cuando un presidente es capaz de echar 53 generales de un tacazo es porque anda plenamente convencido que los echados son unos flojos de siete suelas, anhelantes de no perder la pensión e incapacitados de reaccionar o de cuajar una acción de conjunto para cuestionar o revocar la determinación del presidente y su ministro. Empero, para quienes nos hemos nutrido estudiando la historia  y preferimos hacer comparaciones, esta purga tiene mucho más parecido con la que desarrolló Lenin que con las que efectuó cruelmente Stalin. Lenin purgó a la alta oficialidad del Zar sabiendo que corría el riesgo que se le rebelaran y forjaran el ya olvidado Ejército Blanco que le hizo finalmente la guerra civil al Ejército Rojo que Trotsky  comandaría. He dicho muchas veces que Petro no ha pasado de ser leninista. Que no ha sido ni es ni será comunista. Defiende y aplica las tesis desfasadas y los métodos brillantes que tuvo Lenin para gobernar. Falta ver si dentro de esa imitación no esté también el ir apostando desde ya por la provisionalidad intermitente  de su propio gobierno, como lo hicieron casi que matemáticamente  los bolcheviques entre  1918 y 1922 para finalmente quedarse 80 años en el poder de Rusia.

 

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