LA POLICÍA NAZI DE TULUÁ

Este espectáculo grotesco de la Escuela de Policía de Tuluá debe destapar, del general Vargas hacia abajo, todas las equivocaciones y vicios que han llevado al grado de desprestigio que hoy los azota.

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Tiene toda la razón el señor embajador de los Estados Unidos cuando protesta en términos tan duros por el descubrimiento de la célula de formación nazi en la Escuela de Policía de Tuluá. Y la tiene porque esa instrucción hitleriana, camuflada o evidentemente ridícula, sobre quienes iban a ser policías, fue hecha  durante meses desde comienzos de 2021 a solo 300 metros de donde funciona la Base Antinarcóticos, dentro de la cual van y vienen agentes de la DEA, instructores y quizás hasta de la CIA y que prácticamente ha sido sostenida por los contribuyentes norteamericanos.

Muy probablemente entonces en Washington ya deben estar considerando quitarle la visa al general Vargas, Director Nacional de Policía, no solo por dejar crecer este foco nazi en sus narices, sino también a la general Yacqueline, porque este escándalo ha permitido conocer lo que se está cociendo en las Escuelas de Policía de Colombia que ellos patrocinan.

No es solo en la de Tuluá, donde el déspota graduado en Ciencia Política del Externado llegó a comienzos del 2021 a experimentar lo que había ido estudiando para manejar policialmente al país y que todos recuerdan vívidamente porque hace unos meses, en 8 horas, hizo desocupar las habitaciones del Casino de Oficiales habilitadas para alojar profesionales de la salud, la mayoría mujeres, que realizaban su año rural y como cualquier desplazado tuvieron que salir a buscar habitación en la noche fría tulueña. Es hora que se sepa que desde hace tres años se ha presentado en Colombia un bajón de la inscripciones para ser policía y que se verifique cómo los directores de esas escuelas, cual el defenestrado coronel Bayona, ofrecen estímulos de dos días de asueto a los policías en ejercicio para que les lleven candidatos a ingresar a la Policía Nacional.

Es bueno que se sepa también que el foco de la corrupción se estructura desde allá mismo facilitando que las cooperativas admitidas o toleradas en la Escuelas les presten a los futuros policías dineros para adquirir la ropa y el material exigido (y hasta celulares) pagaderos a 100 cuotas descontables desde el primer sueldo que se ganen. Y como ganan tan poquito pues salen a la calle a apretar al ciudadano para conseguir cómo completar su mesada.

El problema de la Policía es muy grave y no lo causó ni el temperamento abusivo ni la peligrosa ideología de ultraderecha del coronel Bayona. El problema está más arriba, y eso lo saben los gringos. Está en una cúpula que sabe del desmoronamiento interno de la Policía y prefiere cambiarle de uniforme o patrocinar un proyecto de ley que le sube el sueldo a los oficiales, pero deja con el sueldito de hace tres años a los 197.000 agentes que le ponen el pecho la brisa.

Este espectáculo grotesco de la Escuela de Policía de Tuluá debe destapar, del general Vargas hacia abajo, todas las equivocaciones y vicios que han llevado al grado de desprestigio que hoy los azota.

 

Muchas gracias

El Porce, noviembre 22 de 2021

 

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