LA PESTE DEL AGUACATE

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

La peste del aguacate no tiene que ver con la peste del covid. Claro que sí hace parte del esfuerzo suicida por reactivar la economía nacional ante los daños mayúsculos, los malos manejos de la pandemia y del paro de 45 días con sus bloqueos y sus angustias. La peste del aguacate tiene que ver con el afán enloquecido como unos y otros, campesinos y economistas apoyaron el cultivo del aguacate, pero sobre todo con la desmemoria que  les hizo olvidar los efectos chimbos de creer en la panacea del gusano de seda o de las naranjas en vez de los cafetales, de los lagos repletos de tilapias que saben a barro o de los extensos sembrados de maracuyá o granadilla que terminaron dándoselos a las vacas para que pastaran adormecidas bajo el efecto de las pasifloras.

Pero esta peste del aguacate también tiene que ver conque alguien, paisa, mexicano o peruano, chileno o simplemente agricultor de escritorio, se le ocurrió que las zonas medias de las montañas colombianas donde  dejó de sembrarse café o se tumbó monte para meterle vacas y no tener al final del año ni con qué reparar los cercos, podían servir para cosechar aguacate Hass, el pequeñito que se madura poniéndose negro y parece tener amplio mercado en el mundo.

Y como los dólares del petróleo y el café, el carbón y el banano había que reemplazarlos en la economía nacional por un producto de la tierra que fuera menos volátil en el precio y aparentemente no produjera daño ecológico porque iba a llenar de verde las montañas colombianas, miles de agricultores esperanzados  sembraron el aguacate o le vendieron las tierras a los inversionistas mexicanos o peruanos que lo volvieron agroindustria.

Pero resulta que no averiguaron bien ni cómo se cultivaba ni cuáles eran los problemas y ahora, a 8 años de la oleada sembradora, han empezado a darse cuenta que ni rinde tanto, (porque hay que resembrar más del 30% después de la primera cosecha), ni hay bastante agua para regar los árboles. El paisaje ya no es el cultural cafetero sino el de montañas peladas, manchadas  de punticos verdes llamados árboles de aguacate y de vecinos que se resistieron a vender o a sembrar, pero ya se están quedando sin el agua correntía que les permitía seguir siendo campesinos  minifundistas.

Es la nueva peste, paralela al covid, que nos va a volver un desierto las otroras verdes laderas productoras de comida. Es otra vez Colombia haciendo la misma pendejada de siempre.

Muchas gracias

El Porce julio 13 2021

Escuche la Crónica de Gardeazábal, a continuación…

 

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