LA CHUCHA DE TULUÁ

Un cambiazo de recién nacida dada por muerta en hospital de Tuluá

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

La historia es tremebunda, los actores disímiles, pero en el Tuluá de mis novelas el límite entre la ficción y la realidad se pierde y se puede pecar por exceso o por injusticia ya que finalmente la verdad no es la que se impone sino la leyenda.

Sucedió el pasado fin de semana: remitida para parto complicado de 28 semanas desde Ceilán, el poblado de la montaña tulueña lleno de cicatrices de todas las guerras, llegó una mujer de 18 años; iba con su compañero, un pelado de 17, cuya familia habita el barrio de la Santa Cruz, un territorio conflictivo y caliente, refugio de desplazados y escenario -según la policía- de bandas enfrentadas.

El sábado dio a luz a una agonizante niña en el hospital Tomás Uribe de Tuluá, institución que ha sobrevivido a todas las crisis del pasado logrando con su nivel de eficiencia de hoy administrar y sortear la oleada del Covid, que le ha atiborrado sus camas, sus UCIs y su morgue.

El papá dice que la pensaba llamar Emily Zamara. La mamá asegura haber visto sólo la mitad de su cuerpecito mientras paría y que cuando despertó la niña ya estaba en las neveras de la morgue. El jovencísimo padre dice que acudió el domingo con el empleado de la funeraria para reclamar el cadáver y que cuando abrieron la cajita metálica lo que encontraron fue una chuspa roja en la que había una zarigüeya o como la llaman en mi pueblo una chuchita; ha transcurrido casi una semana y entre el espanto de las directivas del hospital que apenas sí musitan “que se está investigando”, detectaron la llegada como buitres carroñeros de los abogados que leyeron en El Tiempo la noticia y vieron la foto de las pancartas exigentes del papá atribulado en la puerta del hospital y buscan acompañar en la demanda a los padres.

Mientras tanto, se construyen hipótesis que van desde la venganza hasta lo escabroso. Se sabe que un tío de la criatura fue condenado hace tres semanas a 14 años de prisión por el homicidio de un comerciante al que Fiscalía y juez le demostraron que no le había pagado una extorsión.

“La guerra de bandas en la Santa Cruz es tan feroz, dice la policía, que las bromas macabras son el pan cotidiano”.

Y las lenguas chismosas tulueñas, que lo saben todo aunque finalmente no saben nada, se atreven a aseverar que todas las versiones pueden ser válidas, advirtiendo eso sí que los que van a pagar el pato, son las directivas del congestionado y valeroso hospital estatal, no la funeraria, porque la tremolina que el Covid forma por estos días en una morque la gestión del escabroso cambiazo puede haber sido pingüemente recompensada a una habilidosa mano siniestra, como en la mejor novela de terror, y ellos ni se enteraron.

Muchas gracias.

El Porce, mayo 220 de 2021

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