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ESTIGMATIZAN LAS RANITAS OLIGARCAS

Quizás por ello, un periodista ambientalista las ha presentado por estos días como enemigas de la sociedad y pide que se frene su avance.

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 

Las oí por primera vez en Barranquilla, en casa de la tía Rosario, la matrona de los Jimeno. Debió haber sido al terminar la década del 60 del siglo pasado. Roke su sobrino, que cuidaba espléndidamente los jardines de las señoras del estrato 6 de Cali, las trajo al Valle y las regó en más de uno. Años después, en alguna de esas veladas inolvidables en casa de Nacho Cruz, el jefe liberal de Tuluá cuando estaba de cónsul en San Juan de Puerto Rico, las volví a oír. Son unas ranitas bastante pequeñas, que tienen un croar inconfundible, más parecido al pito de un guarda de tránsito que al canto de amor de un anfibio.

Están clasificadas como ranas coquí antillanas y se han regado por Colombia en 8 departamentos. Los biólogos fastidiosos las estigmatizan llamándolas “invasoras” y las acusan de estar atropellando sus compañeros de fauna desde 1992, pero andan tan pifiados como el 11 % de los colombianos que entre la Javeriana y la CVC dizque encuestaron para oírles decir que su sonido de todas las tardes les fastidian porque estas ranitas, aunque me digan novelista, solo se han desarrollado en los jardines de la oligarquía. Es decir, son pretenciosas como los ricos pobres de Medellín pero apasionantes.

Yo las he tenido en El Porce desde cuando Roke las trajo a Madrigal y se regaron por toda la vereda. Oir su coro cuando llovizna, o en los períodos de celo, llueva o haga verano, impregna ambientes de jungla, de sentido de libertad y sobre todo de melodía inacabada. Salvo para los biólogos de marras, ellas no son un estorbo ni en mi casa ni en otros ambientes más sofisticados. Ni siquiera para los gansos y patos que me acompañan porque hasta aprendieron a camuflarse en el día bajo las matas de los jardines o en  medio los guaduales y así evitan que los bullosos palmípedos las devoren.

Quizás por ello, un periodista ambientalista las ha presentado por estos días como enemigas de la sociedad y pide que se frene su avance.

¡Mamola!, como diría Gaitán.

Muchas gracias.

El Porce, julio 6 del 2023

Audio:

 

 

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