EL VENDEDOR DE CÉDULAS

Muy bonito el gesto de elite gringa, pero es un precedente que abrirá hendijas muy peligrosas, además de volver la cédula un objeto comprable.

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Estoy convencido que todos los que portamos la cédula de ciudadanía que nos identifica como colombianos nos sentimos orgullosos de poseerla. La gran mayoría la tenemos por haber nacido en este país. Otros la tienen por haber residido como extranjeros, sudando gota a gota a través de los años para asentar sus reales en este territorio patrio, y bastantes de ellos han visto nacer sus hijos en este inmenso y generoso país. Otros miles, de pronto varios miles, están haciendo turno, consiguiendo papeles y llenando formularios hace años para que les reconozcan ese carácter de ciudadanos colombianos.

Todo era así hasta ayer cuando el presidente Duque sentó el funesto antecedente de otorgarle la cédula de ciudadanía al norteamericano Howard Buffet, el probable heredero de la inmensa fortuna de su padre, el multimillonario Warren Buffet, conocido de autos y procederes en el manejo y crecimiento de su fortuna personal a lo largo de muchos años.

Muy bonito el gesto de elite gringa, pero es un precedente que abrirá hendijas muy peligrosas, además de volver la cédula un objeto comprable. Porque no nos metamos mentiras. Si bien el señor Buffet ha sido muy generoso  través de la Fundación que lleva su nombre con la congénere Fundación Pies Descalzos de Shakira y dicen que  ha  brindado apoyo económico a programas campesinos en Cauca, Nariño y Catatumbo y parece que al mismo Invías para que desarrolle programas en vías terciarias, la cédula colombiana no se regala ni se canjea. Y menos por la plata, porque la imagen que damos al mundo no es la de un país grato con sus benefactores sino que tenemos un presidente que actuando como los dictadores de las repúblicas bananeras del siglo XX, regala cédulas a cambio de limosnas.

De Duque es posible cualquier cosa, menos que sea un buen presidente, pero que ahora haya armado un toldo en Washington para vender cédulas al más generoso postor le queda muy mal a él y al país entero. No somos ante los ojos del mundo un país serio y mucho menos dándole la cédula a tan poco ilustre personaje que se ufana de haber sido fotógrafo, escritor, conservacionista y hasta granjero, en una finca alquilada, pero quien fundamentalmente es apenas un hijo de papi.

Muchas gracias

El Porce, octubre 14 de 2021

 

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