EL PAIS DE LOS SUBSIDIOS

Para casi todos han creado superintendencias y unas burocracias de la madona y se han originado como parásitos de ellos, carteles que los agencian, agilizan o saben traspapelar los fondos para que todo lo que dicen hacer, surta efectos electorales y permita las escandalosas comisiones degeneradas de la corrupción.

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 

A muchos riquitos, metidos o no en las listas de Pandora, pero de todas maneras ricos aunque no tan presumidos como los argentinos, el país cada vez se les parece más y más a la nación gaucha que dejó marcada Perón para siempre y en donde nació y ejerció como sacerdote y cardenal el papa peronista Francisco.

En la Argentina han llegado a la locura económica, la inflación galopante y los corralitos bancarios porque el gobierno todo lo soluciona emitiendo billetes y aumentando el gasto público pagando subsidios de cualquier tipo a las distintas clases de poblaciones.

En Colombia estamos muy cerca de ser otra Argentina aunque la cautela del Banco de la República y de los ministros de Hacienda que hemos tenido ha obligado a otra clase de maromas distintas a las dañinas de la pampa para poder pagar los ingentes gastos del estado.

En Colombia hay subsidios, directos o indirectos, para 42 fines distintos. Hay subsidios para Familias en Acción, para las viviendas urbanas y rurales, para familias afectadas por calamidades. Está el subsidio llamado ingreso solidario para millones de hogares afectados por la pandemia. Hay también subsidios a las nóminas de las empresas, a las empresas de servicios públicos para los estratos 1 a 3, hay subsidios al agro en muchas variedades y hasta se tiene una banca para repartirlo llamada Finagro. Hay subsidios a la creación artística, a la gasolina y al etanol de la caña, a los aranceles de los TLC, a la economía naranja y a muchas decenas más. Para casi todos han creado superintendencias y unas burocracias de la madona y, lo que es peor, se han originado como parásitos de ellos, carteles que los agencian, agilizan o saben traspapelar los fondos para que todo lo que dicen hacer, surta efectos electorales y permita las escandalosas comisiones degeneradas de la corrupción.

Para muchos es un mal difícil de erradicar porque está consagrado en la Constitución del 91, que nos potenció el gasto a las estratosferas y nos ha salido costosísima. Lo grave empero es que han convertido al estado en un padre generoso, a la sociedad dividida entre los zánganos que todo lo quieren regalado o financiado por el gobernante de turno y los que la sudan 24 horas 7 días a la semana y tienen límites de la mesura, cualidad que ya casi nadie cultiva.

Somos cada vez más iguales a la Argentina, aunque allá han tenido a Cristina por muchos años y aquí apenas vayamos a ensayar con la Cabal.

Muchas gracias

El Porce, octubre 6 de 2021

 

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