CARTAGENA EN LA OLLA

CRÓNICA DE GARDEAZÁBAL

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Lo que está pasando en Cartagena con el trasporte masivo, llamado TransCaribe, no ha merecido ninguna bullosa manifestación ni análisis para los bogotanos que tienen segunda residencia allá, llámense burócratas o periodistas, como en cambio sí ha sucedido con otros temas populistas como el edificio para estratos 2 y 3  bautizado Aquarela, al que han intentado tumbar con toda clase de recursos capitalinos sinvergüenzas, pero después de que ya lo habían terminado en diagonal al Castillo patrimonial.

No sé la razón para valorar distinto una presunta violación al patrimonio visual histórico de la ciudad y no al atropello miserable que los recaudadores del pago de pasajes de Transcaribe hacen con los usuarios y con la economía de la ciudad, negándoles el derecho a comprar tiquetes para montarse en los buses.

Yo entiendo que mientras le permitían a los Quiroz levantar edificios sin cumplir requisitos, los que después se rajaban o se caían, ningún alcalde de la chorrera que ha tenido Cartagena en los últimos 10 años les exigió a los de Aquarela algo más de lo que estaba estipulado. Pero como el patrimonio histórico de Cartagena y los permisos de la Unesco lo manejan esos bogotanos que pretenden ser dueños de la ciudad amurallada, pero a control remoto, nadie en cambio parece interesado en preguntarle a los dueños del consorcio Colcard y Smartmatic por qué sabotearon el recaudo para que los buses del masivo no vuelvan a circular.

Cuando se armó la escandalera del edificio frente al castillo, el procurador Carrillo y sus secuaces interpusieron toda clase de determinaciones bogotanas para, reemplazando a las autoridades municipales, obligar al alcalde o al que fuera, a que tumbara Aquarela.

Ahora que a los miles de cartageneros trabajadores a quienes hace años no dejan circular libremente en motos para que vayan al trabajo, (porque dizque ponían en peligro la vida y tranquilidad de los turistas), también les impiden montarse a los buses porque el consorcio recaudador ya no vende ni tiquetes ni deja aumentar el saldo de uso de las tarjetas, ninguna entidad del gobierno central mete las manos en las brasas. Mucho menos que la Ministra de Trasporte o la Procuradora plantean una solución. Y como al alcalde Dau le queda grande hasta el spanglish que habla y a los que montaron el negocio del trasporte masivo no les importa la magnitud del problema que han creado, Cartagena, como diría el libro de doña Teresita Román, está en la olla.

Gustavo Álvarez Gardeazábal

El Porce, abril 22 de 2021

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