ASOMAN LAS GUERRILLAS URBANAS

Los acontecimientos violentos de los días posteriores al paro que soportamos durante 45 días están tocando las estructuras físicas y sociales de por lo menos 11 ciudades de Colombia.

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Los acontecimientos violentos de los días posteriores al paro que soportamos durante 45 días están tocando las estructuras físicas y sociales de por lo menos 11 ciudades de Colombia. Los plutócratas que se adueñaron tanto del poder mediático, prensa, radio y televisión como del poder político, han conseguido que la gravedad de esos hechos se minimice o se desconozca para que no se les llene de sombras el panorama suicida de la reactivación económica en plena cumbre de la pandemia del covid. Pero por entre las hendijas que los garajes contratados han dejado a las redes sociales que filtren, Colombia poco a poco se ha ido enterando que los violentos, llamados sofisticadamente vándalos, llegaron para quedarse.

Según el precandidato presidencial Luis Pérez, estamos en presencia de la evolución, apoyada desde las barricadas, de la guerrilla campesina a volverse guerrilla urbana.

De acuerdo con el encuestador de consumos Camilo Herrera, estamos repitiendo la historia colombiana al generar de nuevo, sobre la noción de repúblicas independientes rurales, unas barriadas rebeldes en las ciudades a las que la ley y la policía no pueden entrar. Es hacer en las comunas de los grandes conglomerados urbanos algo igual a lo que hizo en los campos una y otra vez el liberalismo al quedar derrotado en tantas contiendas civiles de la historia. Así montaron las guerrillas en la depresión Momposina en el siglo 19 o en Marquetalia a mediados del siglo XX. Las circunstancias están dadas para forjar la tormenta perfecta. Las empresas criminales, sostenidas por los combos o las pandillas, y a su vez aupadas por la extorsión, el dominio comercial y el microtráfico, construyen la nata perfecta para que las guerrillas urbanas se desarrollen.

La falta de una autoridad central que imponga criterios y responsabilidades a alcaldes y gobernadores. La excesiva corrupción que galopa imperturbable desde los auxilios parlamentarios hasta las coimas a los togados. La infinita tolerancia al enriquecedor negocio de los contratistas del estado que se adueñaron de todos los niveles del ejecutivo y el legislativo. Todos a una nos llevan a que las tesis del exgobernador antioqueño o del presidente de la encuestadora Radar, se vayan volviendo válidas. Hasta ahora las barricadas usan piedras, gasolina, garrote y candela, tumban postes y rompen vitrinas. Apenas comiencen los plutócratas o los disidentes de la paz, o los ambiciosos contratistas o los empresarios del crimen a cambiarles esas herramientas primitivas por armas, estarán conformadas las guerrillas urbanas.

¡Hágame el favor lo que nos espera!

Muchas gracias

El Porce, julio 2 de 2021

Escuche la Crónica de Gardeazábal, a continuación…

 

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