AQUARELA PARAGUAYA

Y el asesinato miserable del fiscal paraguayo no se midió en toda su intensidad como dañino a su imagen.

0 187

Por:

Gustavo Alvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

 

Cartagena no ha podido mirarse al espejo desde hace mucho tiempo. Como tal ha perdido su noción de ser una ciudad turística que debe autoconservarse y no esperar que acudan desde Bogotá autoridades, inversionistas y segundos residentes a organizarle su desorden o indicarle su futuro.

Como cada vez consolida más su posición como ciudad multiturística porque, afortunadamente, perdió su estiramiento y ya no es solo el escenario de película para las revistas del corazón y las páginas sociales de los diarios bogotanos (que ya se acabaron también), el recorrer sus calles y sus bares, sus restaurantes y sus epicentros de atracción se volvió en pocos años algo común y corriente para colombianos y extranjeros. En Cartagena entonces hoy se encuentra hoteles y comidas para todos los presupuestos. Da lo mismo caminar por Getsemaní o por el malecón de Castillo Grande vestido de harapos o de mechas traídas del más allá, pero desgraciadamente, como tampoco volvieron a preocuparse por la calidad de quien sea su alcalde o quienes la gobiernan, va precipitadamente a ser una repetición de las ciudades del interior, atiborrada de inseguridades y lentamente alejada de la tranquilidad que inyectan sus balcones y sus paisajes amurallados.

 

 

El aumento del número de asesinatos en las barriadas no se hace público ni parece preocuparles. Y el asesinato miserable del fiscal paraguayo no se midió en toda su intensidad como dañino a su imagen. En cambio, hay un permanente interés de quienes la gobiernan de volverse el hazmereir de un país tomando medidas absurdas para combatir esa inseguridad o dizque cuidarle la cara de mostrar a la ciudad, hasta llevarla a su perdición.

La estupidez conque han manejado, por ejemplo, el lío del edificio Aquarela (que finalmente ni estorba ni causa daño ni visual ni arquitectónico) es igual a la torpeza conque pretenden implantar la moralidad nocturna en la Plaza de los Coches, donde se citan quienes ansían o viven del sexo y se junta el hambre con las ganas de comer.

Y ni qué decir de las manifestaciones coloniales, pero moralistas caducas, de quienes dicen llamarse Colectivos Somos Centro Histórico, histéricos porque entre el 12 y el 15 de junio se efectuará en alguno de sus centros de convenciones el Congreso Internacional del entretenimiento para adultos y el Cine Porno.

Todo ello hace pensar a veces que por defender lo que ya se acabó no se han dado cuenta de lo que en verdad tienen y deben proteger: la libertad y la seguridad conque se podía recorrer sus calles y gozársela.

Muchas gracias.

El Porce, mayo 18 de 2022

Escuche la Crónica en el siguiente enlace:

https://www.spreaker.com/episode/49842518

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.