AD PORTAS DE ELEGIR UN NUEVO PRESIDENTE

IDEAS CIRCULANTES

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Por:

Graciela Sánchez Narváez

 

Graciela Sánchez Narváez

 

 

Nunca antes se había hablado en Colombia con tanta insistencia sobre la necesidad de “reconstruir el tejido social” de nuestro país. En unos pocos días nuestra nación elegirá su nuevo presidente, parecería que esta situación ha acelerado la preocupación, teniendo en cuenta que, quienes realmente definirán la contienda política, son parte de ese “tejido social” que nuestra nación pretende reconstruir desde hace mucho tiempo. La firma del Acuerdo de Paz en la Habana en el año 2016 y el Postconflicto pusieron sobre la mesa este importante tema, para hacerlo objeto de justas reflexiones en todos los sentidos.

El “Tejido Social”, ha sido comprendido desde distintas dimensiones, pero su  fundamento esencial radica en los nexos y relaciones que se tejen entre las personas de una misma familia o de una comunidad que comparten ciertos consensos y percepciones acerca de aspectos como la solidaridad y el respeto por los derechos y deberes de todos, para satisfacer unas mismas necesidades humanas elementales o superiores; de tal manera que se constituyen valores y principios que, en su conjunto, identifican a los miembros que las integran con una misma cultura y tradición.

Cuando se rompen los pilares fundamentales de respeto por los derechos del otro, es visible el deterioro del tejido social con todas las violencias que son su consecuencia. Sin lazos fuertes a nivel familiar y comunitario es imposible que se logre una sociedad firme y solidaria.

La aparición de nuevas violencias y fenómenos sociales en Colombia y la terrible inseguridad que se vive en todos los lugares de nuestro territorio, hacen pensar en la gran cantidad de personas cometiendo, diariamente, delitos como homicidio, hurto y agresiones violentas dentro de la familia y la comunidad. Todo esto ha despertado reflexiones sobre las causas, que muchos investigadores ubican en la falta de oportunidades de desarrollo para algunas capas poblacionales y para unas regiones más que para otras, en la escasez de empleo, especialmente para los jóvenes, en el aumento de personas adictas a sustancias psicoactivas, en la baja calidad de la educación, en la corrupción rampante, en el bajo nivel de salud, en los insuficientes programas de vivienda y, en general, en las necesidades básicas insatisfechas de la gente.

 

 

De esta manera se ha descompuesto el tejido social de nuestra nación. En cada rincón de nuestra patria se han instalado la desconfianza y el miedo, que vulneran el bienestar de la población colombiana.

Es definitivamente en la familia y en la escuela, y a través de las relaciones interpersonales, donde se consolida el capital social, cualidad que se refiere a las capacidades de los individuos para propiciar el desarrollo y el bienestar comunitario.

Un tejido social fuerte se caracteriza por la seguridad, la justicia, la paz y la armonía. Los valores sociales deseables tienen que ver con un sentido ético de convivencia. No es como la entienden desde algunas ideologías, sobre todo religiosas; tenemos derecho a disentir, a discutir, a diferenciarnos, pues una de las condiciones humanas es la pluralidad, sin embargo, sabemos de su complejidad y de la capacidad que tenemos para convivir con esas diferencias sin agresiones. Aunque la estrategia del diálogo y el acuerdo está tan desgastada, precisamente por su manipulación, es la única alternativa que nos queda para la convivencia pacífica.

Sí. Todos sabemos que esta situación es mucho más compleja en la práctica, pues tuvo razón uno de mis estudiantes cuando indignado me replicó ante esta disertación: “Personalmente no podría vivir al lado de quien violó a mi hermana”. – Sí, es para pensarlo mucho, le contesté, nadie te obligará a vivir con él. Sencillamente debes estar dispuesto a no agredirlo, ya que en un país con un buen gobierno, hay un estado de derecho y unas leyes que se aplican de manera justa. Serán las instituciones judiciales las que se encarguen de hacer justicia de acuerdo con la Constitución y las leyes nacionales.

Un buen gobierno se logrará entonces, con un buen tejido social. La lucha ha sido larga y es por allí donde debe empezar nuestro nuevo presidente, es más, ese es su trabajo. Es este el cambio fundamental que necesitamos.

 

 

¿Cómo resolver este problema tan complejo? Con iniciativas globales que atiendan a las necesidades de la población vulnerable, con inversiones sociales para resolver las necesidades básicas de esa Colombia desconocida de la que tanto se ha hablado en los gobiernos, con el cumplimiento a cabalidad de los acuerdos, con procesos de reparación real y efectiva para las víctimas, con políticas de resocialización para los violentos que tal vez lo han perdido todo a nivel personal, con programas de salud pública y rehabilitación de las víctimas de adicción, con vigilancia justa ante la corrupción a pequeña y gran escala, con creativos proyectos de empleo para todos los jóvenes profesionales, con una educación de calidad, con políticas para una salud de calidad y con un actuar político correcto.

El cambio que ejecutará el próximo presidente deberá ser el de un gobierno que cumpla lo pactado y que piense que nada le será posible realizar sin un tejido social armónico y reconstruido. Debe comenzar por allí.

Cuando escribo de esta manera sobre estos temas, algunos de mis lectores, han comentado así: “Soñar no cuesta nada”. Sé que les asiste la razón, pero sólo nos queda la esperanza de abrir otra puerta, eligiendo por el cambio, para cortar de una vez por todas ese estado inerme, de un país sin nuevos caminos, ni expectativas, en la certeza de que seguir por la misma senda que por años hemos llevado, ya no dio resultado. El pueblo se cansó de continuar con los ojos cerrados por la misma ruta, sin pensar en otras alternativas.

Confío en el cambio.

 

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